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Enfermedades cardiovasculares, la importancia de la prevención

14/06/2009

Los ataques al corazón y los accidentes crebros vasculares (ACV) suelen ser fenómenos agudos que se deben sobre todo a obstrucciones que impiden que la sangre fluya hacia el corazón o el cerebro. La causa más frecuente es la formación de depósitos de grasa en las paredes de los vasos sanguíneo que irrigan el corazón o el cerebro. Los ACV también pueden deberse a hemorragias de los vasos cerebrales o coágulos de sangre. En particular, la cardiopatía coronaria afecta a la red de vasos sanguíneos que rodea al corazón y riega el miocardio. Igual que otras arterias del cuerpo, las coronorias sufren arteriosclerosis, un engrosamiento de sus paredes y estrechamiento de la luz por la invasión de lípidos, principalmente de colesterol.

A medida que estas lesiones crecen, la arteria se cierra de forma tal que la circulación disminuye, al punto que puede llegar a obstruirse completamente por un coágulo a causa de una hemorragia en las paredes; la arteria también puede sufrir espasmo muscular que interfiere en la circulación. La falta de sangre en los tejidos del corazón resultante (isquemia) provoca un infarto o la muerte de la porción del miocardio que no recibe óxigeno ni nutrición.

 

Dieta saludable, un factor fundamental

Al menos un 80% de las muertes prematuras por cardiopatía podrían evitarse con una dieta saludable, actividad física regular y abandono del consumo de tabaco. Los expertos aconsejan que el consumo de los lípidos o grasas no debería aportar más del 30% del total de las calorías ingeridas: estos profesionales prescriben además limitar el consumo de sal. De igual, modo recomiendan una serie de pautas dietéticas, entre las que se encuentran moderar el consumo de carnes grasas, evitar los aceites vegetales ricos en grasas saturadas, como la manteca o la margarina, y priorizar el consumo de aceites con un alto porcentaje de grasas insaturables, como los aceites de oliva, girasol o maiz. Asimismo, se recomienda aumentar el consumo de pescado, especialmente de los denominados azules (atún, salmón o caballa) por su alto contenido en Omega 3, al menos 2 veces a la semana. Además de reducir la presión arterial, el consumo de Omega 3 disminuye el colesterol LDL (colesterol "malo"), aumenta el HDL (colesterol "bueno") y, sobre todo, previene el aumento de la presión arterial. Resulta igualmente importante llevar adelante una dieta abundante en cereales y sus derivados -pasta, arroz, pan-, legumbres, frutas y frutos secos, verduras y hortalizas, con menores cantidades de pescado, aves, huevos y derivados lácteos, y aún más reducidas proporciones de carne y productos cárnicos.

Un complemento casi obligado de una buena dieta es la práctica de ejercicio físico, al menos 30 minutos de ejercicios moderados la mayoría de los días de la semana, lo cual mejora la circulación y contribuye a la pérdida de peso, para este último caso el tiempo debería llevarse a 60 o 90 minutos. Asimismo, la práctica cotidiana de ejercicios aumenta el llamado colesterol bueno (HDL) y reduce los triglicéridos sanguíneos, refuerza la musculatura y contribuye al bienestar, ya que alivia el estrés y la tensión. No fumar y evitar respirar humo de tabaco.

 

 

 
 
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